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12 TRÁILERS BORRADOS
Foto de producción



Proyecciones:

Galería La Fábrica (Barcelona, España, junio de 2010). Sesiones de vídeo y cine experimental Amalgama.
CUT AND RUN (curated by Brenda Contreras and Mallary Abel, USA):
. Grand Detour "Experiments in New Media" (Portland, julio de 2010)
​. Artists' Television Access (San Francisco, julio de 2010).
. Beatnik Studios (Sacramento, California, agosto de 2010).
. Echo Park Film Center (Los Angeles, California, agosto de 2010).
. Dartmouth (Hanover, NH, octubre de 2010)
​. LaunchPad, co-presented with Kings County Cinema Society (Brooklyn, NY, octubre de 2010)
​. Moviate Microcinema (Harrisburg, PA, octubre de 2010)
. Mina´s Gallery (Baltimore, Maryland, octubre de 2010).
. Millennium Film Workshop, co-presented with UnionDocs (NYC, octubre de 2010)
. Flex Fest (Gainesville, FL, octubre de 2010)
​. Zeitgeist Multi-Disciplinary Arts Center (New Orleans, LA, octubre de 2010)
. The Nightingale (Chicago, IL, octubre de 2010)
Basement Media Festival (Cambridge, Boston, USA, agosto de 2010)
Universidad Carlos III (Ciclo "El otro cine español", Madrid, España, noviembre de 2010)

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Texto de Celeste Araújo, del artículo Cuatro maneras de definir el cine. Alberto Cabrera Bernal.

Supongamos que cogemos un instrumento y rayamos toda la película. Entonces la raya se verá más a menudo
que la señorita Turner, y la película versará sobre la raya
(1).

Una hoja cortante, un palo o cualquier casco de piedra bastarían a Dubuffet para embadurnar un lienzo
blanco, trasmutando su superficie en algo granítico. Alberto Cabrera Bernal en 12 tráilers borrados (2010)
parece acoger un procedimiento semejante que sólo da lugar a los azares naturales de los materiales y útiles
que emplea: doce tráileres en 16mm y un minitorno eléctrico equipado con lijas, escobillas y taladros.
Son justamente estas herramientas las que determinan la pauta de actuación: el levantamiento de la emulsión
del celuloide a una velocidad de 20.000 r.p.s, dejando intacta la pista de sonido. Al escarbar en la superficie
del celuloide y en su emulsión, la película es activada -sentido prestado de action painting, un término
que no refiere sólo a la acción del pintor sino también al hecho de que la tela sea trastocada-.

Además de describir brevemente lo que es la película –algo que sucede también con otros trabajos del autor–,
el título hace referencia expresa a Erased de Kooning Drawing de Robert Rauschenberg (1953), obra en que
el artista estadounidense borra literalmente un dibujo de Willem de Kooning dejando apenas algunos restos
de lápiz y las huellas de las líneas dibujadas. Aunque compartan gestos de apropiación, los materiales
confiscados y las herramientas de vaciado los alejan. Mientras que uno se hace con un icono del expresionismo abstracto justo en el momento de auge de esta corriente artística (2), otro rescata detritos fílmicos
de la industria cinematográfica, tráileres que estarían posiblemente destinados al olvido y a la putrefacción.
Como el trabajo de remoción de la emulsión del celuloide implica literalmente una escritura que deja marcas
e inscripciones legibles, los surcos y excoriaciones labrados en 12 tráilers borrados parecen acercarla más
a los lienzos brutos de Dubuffet que al dibujo apagado y enmarcado de Rauchenberg.

Estos avances de comedias, filmes de terror, musicales y thrillers de los años 60 y 70 conservan su carácter promocional apenas en el sonido. Los fragmentos de películas, con los habituales comentarios, títulos,
anuncio de actores y directores son apenas un paisaje acústico que discurre disociado de la imagen como
si fuera un discurso autónomo. El sonido y la imagen discrepan a la manera de las películas Letristas;
por un lado se oyen los tráileres, por otro se ven excoriaciones, descosidos y brechas que, como índices,
recorren todo el metraje. El trabajo de extracción funciona así como un doble índice, añade nuevas texturas
y espesor al material y, a la vez, señala su fragilidad y deterioro, presente en los tonos carmesí de algunos
de sus fragmentos.

Socavando hasta perforar el soporte, las acometidas del torno llegan a descubrir cinco estratos de profundidad
en el celuloide, niveles perceptibles en los mínimos fragmentos de imagen que resisten, en los residuos verdes
y amarillos de las capas de color, en el blanco del soporte o en el haz de luz que lo atraviesa cuando está roto.
Algo que actualizaría con pertinencia lo que Deleuze repetía a menudo: lo más profundo es la piel, que
trasladado al cine sería, literalmente, lo más profundo es el celuloide. Al proyectarse como un material
vidrioso, lleno de hendiduras y aberturas abrasivas que rasgan la luz, 12 tráilers borrados es un trabajo de prospección que niega la profundidad convencional de la imagen cinematográfica y encuentra en su superficie
una hondura implícita.

(1) Frampton, Hollis, Una conferencia, en op. cit.
(2) En este sentido, la película que más se acerca al gesto provocador de Rauschenberg es su ultimo trabajo, Interrupciones a Norman Mclaren (2010), en que Alberto Cabrera Bernal confisca una película icónica del cine experimental, Begone dull care (1949) de Mclaren, y la obstaculiza integrando varios cortes de anuncios
publicitarios de los años 60 y 70. Reúne de esta manera dos discursos aparentemente excluyentes, el del cine experimental y el de la publicidad, que paradójicamente su unión revela aún con más fuerza el abismo que existe
entre ambos.