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DESMONTANDO A GLENN GOULD
16 mm, color, sonido óptico, 8 min., 2011

Proyecciones:
Cinemateca Brasileira (Octubre de 2011. Sao Paulo, Brasil)

Fragmento:



Introducción:

Cuelgo un fragmento de la primera película que abre una serie en la que trabajo, Desmontajes, cuyo título,
si bien describe el procedimiento que pongo en órbita, la de desarmar un material original extrayéndole
un elemento concreto -en esta ocasión, un documental en 16 mm presentado por Glenn Gould al que se le han
entresacado todos los planos en los que aparece el músico-, no termina con exactitud de cercar el terreno
en el que me muevo, y conviene añadir ciertos detalles.

Si nos hacemos a la idea de que una obra audiovisual es un mecano cualquiera, un cuerpo de imágenes y sonidos construido siguiendo la gramática de su lenguaje particular, si nos la imaginamos casi como una edificación,
es fácil entonces desarticularla mentalmente hasta dejar expuestos los distintos elementos que le dan forma,
para después reclutar un motivo particular sobre el que arrancar a meterle mano, en este caso, los planos
que he mencionado antes. Pero si algo no quiero obviar, es que estos desmontajes no son esclavos de lo que,
en mi opinión, es una noción empobrecida del término, algo que cunde en numerosos films donde aparte de aplicarle
la tijera a la película o al documental de turno, sólo exhiben un desconcierto estructural que no sugiere nada
nuevo; es decir, desarreglan el material sobre el que se volcaron para complacerse después en montajes de una
anarquía pusilánime que renuncia expresamente a darle un segundo orden, denominador común de muchas piezas
que podríamos incluir en eso que es casi un subgénero, el cine matérico.

Por encima de buscar contextos más o menos abiertos que ubiquen Desmontando a Glenn Gould, prefiero ocuparme
de sus rasgos específicos y de aquello que la explica: su espíritu formalista y su ánimo cartesiano de exprimir
las posibilidades del montaje siguiendo unas pautas determinadas e imponiéndome unos límites muy claros, por ejemplo, trabajar sólo con cortes de 8 fotogramas, capricho que tiene que ver con la sensación de ritmo que veo en pantalla durante la proyección; también, para estrecharme aún más el campo de actuación, escogí hacer un montaje con dos
únicos elementos: los cortes que hice a los planos donde asoma Glenn Gould, y cola blanca. Nada más. Lo siguiente
fue buscar secuencias donde se alternasen ambos variando siempre las estructuras que los regulan, algo así como plantear patrones finitos siempre cambiantes en cada uno de los planos -se puede ver la pizarra donde figura alguno
de estos patrones en los enlaces de arriba-.

Al orden que le doy a la película hay que asignarle, a modo de resistencia conceptual, el desbarajuste deliberado
de la relación entre imagen y sonido, desincronizados parcialmente, algo que se aprecia con claridad en aquellos momentos donde la pantalla se queda en blanco, colándose el audio del corte anterior. Teniendo en mente este apunte, no marro demasiado pensando que Desmontando a Glenn Gould pone sobre la arena un conflicto formal: al divorcio expreso entre sonido e imagen le sigue su inflexibilidad estructural, en un diálogo que podría llamar accidentado.

Nota: La siguiente de la serie, ya en marcha, será Desmontando a Gregory Peck, también en 16 mm.

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Apuntes de producción: